miércoles, 22 de julio de 2009

Justine


(...)
Levantándola por el aire con un solo brazo, el gigantesco sacerdote la tendió sobre sus rodillas; entonces, agitando airosamente un látigo, le cruzó tres veces las nalgas. Justina se retorció bajo el ardor de los golpes, pero sus penas sólo habían comenzado, pues el padre Clemente sólo estaba haciendo una prueba.

Entonces, satisfecho con su postura y con la forma en que tenía asido el látigo, el odioso fraile alzó el arma de largas lenguas muy por encima de su cabeza y la dejó caer con fuerza sobre la joven. Los bordes cortantes del cuero rebenaron sin piedad toda su carne, dejando brillantes líneas de sangre a su paso; el dolor era tan fuerte que el grito de la pobre niña se ahogó en su garganta.

Excitado por la visión de sangre, el bárbaro padre Clemente la azotó entonces con furia vesánica. Ninguna parte de su cuerpo quedó a salvo de su bestialidad. Brillantes, rojos arroyuelos le corrian por la espalda, desde los hombros hasta las nalgas, y rodeaban sus muslos como finas culebrillas de color carmesí. Más excitado aún por este espectáculo, el vicioso sacerdote la forzó a colocarse boca arriba, y pegó su odiosa boca a la de ella, como si tratara de arrebatarle de los pulmones los gritos que su látigo no había podido arrancarle.
Alternativamente le chupaba la boca y le golpeaba el abdomen, y cuanto más se agitaba y se debatía Justina en su angustia, más satisfecho parecía él. A veces le mordía los labios, otras le pellizcaba las nalgas, después le golpeaba el pecho con la barbilla, seguidamente le rasguñaba el vientre, pero su furia no parecía aplacarse con nada.
Estando los labios de Justina entumecidos ya por tanto mordisco, y su abdomen encarnado por los golpes y arañazos, el diabólico Clemente concentró sus ataques contra los pechos.
Amasaba con los dedos los globos de maravillosa suavidad, los apretaba con las palmas de sus manos, los estrujaba el uno contra el otro y después tiraba de ellos para apartarlos; pellizcaba los pezones, metía la cara en el surco que los separaba y mordía su circunferencia.
Finalmente, en un alarde de ferocidad, metió uno dentro de su boca y lo mordió con toda fuerza. Nuevamente llenaron el aire los alaridos de Justina y, mientras el padre Clemente levantaba el rostro, lleno de gozo, dos chorros de sangre le corrían por las comisuras hasta la barbilla. "
Justine
Marqués de Sade

4 comentarios:

  1. Por dios, menos mal que soy atea!!!
    Siempre que paso por Corrientes, me pierdo en las librerías y me atrae ese libro como imán, pero con lo poco que acabo de leer, mejor lo dejo pasar.
    Cuánta crueldad!!
    Lau, qué te impulsó a escribir esto???
    Es que soy temperamental, y me contengo mucho, pero cuando leo esto, me sale el feminismo que tengo oculto!!!!
    Besos nena, espero que estés bien!!!

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  2. Yo lo leí, está bueno.

    Pau, es un fragmento de Justine y Juliette del Marqués de Sade :)

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  3. Dark Tide, ya se!!!
    Pero eso no quita que no me cause horror y le pregunte qué la impulsó a escribir eso???
    Besos!!

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  4. Yo lei Julieta hace tiempo, despues de leerlo no puedo evitar mirar a los sacerdotes de otra manera plop!

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